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Beneficios

Los efectos beneficiosos del masaje como técnica de relajación, y revivificación, fueron reconocidos y registrados hace más de 5.000 años. La aplicación de aceites aromáticos con fines terapéuticos, y la práctica de frotar y presionar ciertas partes del cuerpo para aliviar el dolor e inhibir la enfermedad eran muy comunes en las civilizaciones antiguas, como la egipcia, china y griega. Hoy en día la técnica tradicional de masaje y otras prácticas relacionadas con ella como la reflexología y la acupresión han cobrado nueva popularidad. Algunas formas de masaje más recientes, como el sueco, se utilizan también frecuentemente para relajar y tonificar el cuerpo.

El objetivo de todos los tipos de masaje, orientales u occidentales, es descargar la tensión muscular, disipar el cansancio y reforzar la energía perdida o desequilibrada. Los masajes tienen también la ventaja de que te ayudan a prevenir eventuales debilidades y lesiones físicas. Es posible identificar los principales puntos de tensión de una persona, que suelen ser el cuello, los hombros y la espalda, colocando simplemente una mano sobre su cuerpo. Los músculos tensos son duros como una piedra, al tacto parecen como cuerdas tensas llenas de nudos. También puede haber nódulos de tejido conectivo duro. Los músculos relajados en cambio parecen masilla, algo firme y al mismo tiempo flexible.

Los diversos movimientos del masaje: acariciar, frotar, amasar, estirar, golpetear..., ayudan a relajar esos músculos agarrotados y tensos. Además, el masaje facilita la circulación y ayuda a eliminar los desechos tóxicos.

En el mejor de los casos el masaje, la acupresión y la reflexología son experiencias que se compenetran y en las que el sentido del tacto se agudiza. Durante el masaje se tiene una consciencia mayor de sensaciones muy sutiles de placer y malestar. Así pues, la confianza y la empatía entre quien da el masaje y quien lo recibe son esenciales para que este último se relaje plenamente.

La persona que da el masaje debe calentarse las manos, moviéndolas o frotándolas, antes de comenzar. Nunca ha de tener prisa. Sus movimientos han de fluir ininterrumpidamente, sin cortar nunca la conexión entre él y el receptor; en todo momento ha de haber alguna mano en contacto con el cuerpo de quien recibe el masaje.
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